Sofia Alta Videncia

 

 

 

 

 

 

 

 

 

LA ORACIÓN


la oracion

INTRODUCCIÓN

Deseamos conseguir fama, bienes de consumo, nos hemos vuelto materialistas. Eso ha terminado en un indiferencia sobre nuestros valores internos, y un deterioro de estructuras sobre las cuales se basaba la sociedad. Hemos cerrado nuestros oídos a la voz interna, a la reflexión y al silencio. Hemos caído en la confusión y la pérdida de objetivos superiores. En una palabra, hemos dejado de lado una varita mágica que nos unía con nuestra divinidad: la ORACIÓN.

Desde hace más de un millón de años, hemos comprendido nuestras limitaciones y hemos sentimos la necesidad de modificar las fuerzas de la naturaleza. Para ello, hemos recurrido a la oración para comunicarnos con las fuerzas espirituales que gobiernan nuestro universo. A cambio, ofrecíamos sacrificios y alabanzas. Con el paso de los siglos, hemos aprendido a dirigir nuestra oración al Dios Judeo-cristiano, al que nosotros, los del mundo occidental, ahora consideramos como único, y verdadero.

Todos deseamos conectarnos con alguien que pueda identificarse con nuestras circunstancias y compartir nuestros pensamientos y sentimientos. Muchos hemos aceptado a Dios para ello. También lo adoramos bajo el supuesto de que es todopoderoso y puede hacer con nosotros, lo que le plazca. Si no fuese así, no perderíamos nuestro tiempo en la oración.

Mucha  gente se ha sanado mediante la oración, y nosotros mismos hemos recibido “respuestas”, cuando ya angustiados y al límite de nuestras fuerzas, hemos parado la actividad física y pedido auxilio a ese ser superior en quien nosotros hemos depositado nuestra esperanza.

La oración no tiene nada que ver con religión, sino con espiritualidad. Orar es hablar con un Ser Superior, es conectar con esa Conciencia Cósmica de la que hablan los científicos modernos, o con el Dios de los cristianos, o con Allah de los musulmanes, o Buda de los budistas. Da igual, todos esos seres superiores son los mismos, porque la última verdad es que todos pertenecemos a ese centro que es Unidad.

¿Qué es la oración?

La oración es una experiencia personal y conexión íntima con nuestro amoroso Dios. No es necesario ejercicio alguno del intelecto. Se trata de una disposición interior y afectiva que busca solamente un encuentro en la intimidad con la divinidad. A veces, sobran las palabras, basta únicamente la voluntad: "Le quiero y quiero estar con Él".

Básicamente, es un diálogo profundo con Dios, y, como en todo diálogo, se hace imprescindible la escucha, la actitud abierta y receptiva hacia Aquel de quien lo esperamos todo, en quien confiamos y a quien entregamos nuestra vida.

Repito, la oración no es la mera repetición de una fórmula, o la observación de un rito. La oración es una manera de vida, la interiorización en nuestro propio subconsciente, para enlazar  nuestros pensamientos con el Creador.

¿Por qué orar?

En la vida humana, la amistad, una vez que se tiene, requiere ser cultivada, cuidada y atendida. Se convierte, de esta forma, en una tarea. También el amor se alimenta con la presencia del amado. Es necesario encontrar tiempo para estar con él. No es suficiente ver al ser amado  y hablarle entre el barullo de la gente, hay que reservar un espacio para la intimidad, para estar a solas, para compartir la existencia con quien quieres. Cuando esto no se hace o se abandona, al principio se echa en falta, después la amistad va enfriándose poco a poco y al final la distancia y la lejanía provocan que dos personas acaben viéndose como extraños y desconocidos. La presencia del otro ya no dice nada, el afecto desaparece, el amor muere.

En nuestras relaciones con Dios o cualquier otro espíritu digno, nos puede pasar exactamente lo mismo. Más de una vez habremos observado a personas cercanas, comprometidas con Dios y que, al volcarse en una actividad desenfrenada, empiezan descuidando la oración y acaban perdiendo la fe. Para retornar al seno de Dios, debemos conversar con Dios.

La oración, alimenta la fe, consolida la esperanza, acrecienta el amor. Si dejamos de hacer oración es como si dejáramos de comer. Al principio se siente hambre, pero después ésta desaparece (anorexia) y entramos en el plano inclinado de la muerte. En el caso de la falta de oración será muerte espiritual.

Cómo orar

Hay que conversar con la divinidad con humildad, confianza y docilidad. Podemos alabar y suplicar. Hay que pedir y preguntar, y luego escuchar y obedecer.

Podemos dirigirnos a la divinidad teniendo delante una imagen para que nos ayude a centrar la atención, y facilitar el surgimiento de buenos sentimientos y deseos. Por esto, en muchas iglesias hay abundantes imágenes devotas.

El silencio es mejor. Antes de entrar en comunicación con Dios, y como medio de llegar al encuentro con Él, es conveniente callar todos los ruidos, preocupaciones, pensamientos y distracciones que impidan centrar la atención sólo y exclusivamente en su Persona. Este silencio exterior e interior debe ir acompañado de una actitud de disponibilidad y entrega. Abiertos siempre a la voluntad de Dios.

Podemos orar en forma individual o en grupo para decir oraciones petitorias, de súplica, de agradecimiento, y oraciones de oración.

Algunos actos exteriores que algunas veces acompañan a la oración son: Unción con aceite; sonido de campanas; quemado de incienso o papel; encendido de velas; dirigiéndose a una dirección específica; haciendo la señal de la cruz. Algunos ayunan.

Puede asumirse una variedad de posiciones corporales, a menudo con significado específico (principalmente con respeto o adoración) asociado con ellas: parado, sentado, arrodillado, postrado en el piso, ojos abiertos, ojos cerrados, manos juntas o apretadas; manos levantadas, sosteniendo las manos con otros, etc. Las oraciones pueden ser dichas de memoria, en silencio, leídas de un libro de oraciones, o compuestas espontáneamente a medida que son oradas. Pueden ser dichas, cantadas o salmodiadas. Pueden ser con acompañamiento musical o no.

¿Cuándo y dónde orar?

Es preferible reservar cada día unos momentos para la oración, para la intimidad con Dios, para el sosiego espiritual. Este momento no surge sino está previsto, preparado. Fijemos para cada día nuestra cita con Dios, y no faltemos a ella.

Es mucho mejor si llevamos una oración en el corazón de manera más o menos constante, según lo permitamos. Incluso nuestras actividades, nuestro entorno, y la condición de nuestro corazón pueden estar en concordancia con la oración constante dentro de nosotros

Si la oración es en grupo, la oración se lleva a cabo de acuerdo a programas regulares, usualmente una vez a la semana. Sin embargo, eventos extraordinarios pueden dar lugar a un número improvisado de reuniones de grupos de oración. Incluso, los grupos de oración no necesitan reunirse en persona. Hay grupos de oración de único propósito en el mundo que acuerdan todos orar simultáneamente a determinada hora.

En cuando al lugar de oración, un lugar apropiado sería aquel que facilite la soledad, el silencio; un sitio donde no haya elementos distractores. La meditación y la contemplación pueden verse favorecidas cuando nos encontramos en un paraje natural: junto a un río, en una montaña alta, frente al mar, o cuando nos encontramos en una habitación desnuda de adornos, o frente a la luz tenue de una vela, etc.

¿Para qué orar?

En general, oramos para comunicarnos con Dios. No importa si le rezamos a Alá, a Krisna, a Zoroastro, a Yahvé, o a Jesús. O simplemente a un tronco que se oculta en la bruma de los bosques. En todos los casos, el resultado de la oración será el fortalecimiento espiritual y emocional. Pues todos ellos tienen que ver con el Dios bueno que mora en nosotros.

Mediante la oración podemos conducir a nuestros familiares fallecidos a niveles más altos de luz; podemos enviar energía a seres queridos lejanos geográficamente; podemos sanar nuestro cuerpo y nuestra mente; podemos tener mejores relaciones con nuestro entorno, podemos crear un escudo de luz que nos proteja de enemigos, y otras negatividades; podemos cambiar la onda vibratoria de los alimentos que consumimos para que no nos dañen; incluso mejoraremos nuestro trabajo y nuestra cuenta bancaria.

Oramos también para el propósito de adoración, expresión de gratitud, requerimiento de guía, petición de ayuda, confesión de pecados o para expresar emociones y pensamientos de uno. Podemos orar por la salud de otros.

La oración nos ayuda a definir nuestros sentimientos y pensamientos a medida que expresamos nuestras preocupaciones y deseos a la divinidad. Nos ayuda a perdonarnos a nosotros mismos y a los demás. La oración nos ayuda a  encontrar dirección y a tomar decisiones.

Con la oración podemos influenciar sobre las personas, objetos o acontecimientos del universo. Podemos cambiarnos a nosotros mismos o a los demás.

Cómo funciona la oración

La ciencia hoy está convencida de que el pensamiento es energía. Existen inclusive aparatos que miden la energía que irradia el pensamiento. La oración es una forma de pensamiento; por lo tanto, la oración es, antes que nada, energía mental. Como la oración encierra contenido espiritual, queda claro que la oración contiene energía mental y espiritual.

El estado interiorizante de la oración es contacto con la Luz y Luz es energía; por eso se ha observado que el aura de una persona que ora se ilumina. Históricamente, se puede ver un halo de luz en los grandes místicos, en los santos. Esa energía que brota y vuelve durante la oración, puede ser irradiada hacia Dios u otra persona, cuando la plegaria se dirige hacia ellos. No hay barreras que impidan el flujo de esa energía. La oración por alguien enfermo es una gran proyección de energía superior hacia esa persona. En la verdadera oración se produce la comunicación entre el ser divino y la persona, y esta comunicación es amor. El amor es la luz y en la luz no hay tinieblas. El amor es la oración más elevada.

Muchas veces, el artificio más utilizado del ritual de la oración es el uso de repeticiones semi hipnóticas de frases. Los rosarios son un buen ejemplo de ello. No es malo admitir que con ello se busca adormecer el consciente, para crear recuerdos permanentes en el subconsciente. Los mismos que solidifican la fe en un credo particular.

Por otro lado, hay que reconocer que estos rituales no son un buen mecanismo para la verdadera comunicación con Dios; porque existen otros procedimientos más eficaces como las oraciones con meditación, recogimiento y acciones humanitarias.

Respuesta a una oración

La divinidad contesta nuestras oraciones. Pero es mejor esforzarnos mucho para ser dignos de las bendiciones. Esto no significa que hay que ser perfecto ni nada por el estilo para orar y recibir respuestas; porque la oración es una forma de arrepentirnos y una de las maneras con las que podemos perfeccionarnos.

Esas respuestas se reciben en forma de pensamientos e ideas, o sea, conocimiento. Pueden ser destellos de inspiración que reconozcamos inmediatamente o ideas que tengamos que procesar y que se desarrollen con el tiempo; por lo  general, les acompaña un buen sentimiento.

La respuesta también puede ser en forma de sentimientos. Quizás tengamos sentimientos negativos y confusos para advertirnos que la respuesta es NO, o dulces, pacíficos, tranquilizadores y reconfortantes para advertirnos que la respuesta es SÍ. A veces las respuestas positivas se describen como una sensación de intenso ardor, o un sentimiento muy sutil. Algunos pueden experimentar como respuesta una comprensión repentina de la realidad.

Si de hecho llega una respuesta, la hora y lugar en que llega no se puede conocer.

Oración en el Oriente

En contraste con la religión occidental, las religiones orientales en su mayor parte colocan un énfasis en la práctica de la meditación junto con el estudio de las escrituras. En consecuencia, la oración es vista como una forma de meditación o una práctica adjunta para la meditación.

Se considera que los seres humanos poseen la capacidad, y el potencial de ser liberado o iluminado, a través de la contemplación, que lleva a la sabiduría. La oración se ve principalmente como una práctica psicofísica poderosa espiritual que puede fortalecer la meditación.

Mientras unos invocan alguna deidad, otros, a  través de la meditación, cultivan deliberadamente la idea de que uno ha llegado a ser la deidad, cuando se llega a ser uno con el universo.

Se pone énfasis en la recitación de mantras similares a la oración. La práctica de mantras es una forma de meditación destinada al alcance de la comprensión.

Sin embargo, hoy mucha gente común en los países orientales que simplemente oran a alguna deidad pidiendo intervención y ofreciendo recogimiento. Lo hacen ensalzando a una única fuerza suprema o a varios otros dioses.

Oración en el Occidente

En el mundo occidental, la forma más común de oración es apelar directamente a Dios para que nos conceda nuestros pedidos. Se considera a Dios un Ser Superior semejante a nosotros, pero superior y perfecto.

En muchas maneras esta es la forma más simple de oración. Desde este punto de vista, una persona ingresa directamente en el seno de Dios y pide que sus necesidades sean realizadas. Dios escucha a la oración, y puede no elegir responder en la manera en que uno le pide. Esta es la aproximación primaria a la oración encontrada en la biblia hebrea, el nuevo  testamento, la mayoría de escritos eclesiásticos, y la literatura de los rabinos como el Talmud.

Efectos de la oración

El recurso de la oración ayuda a las personas a cambiar sus modelos de pensamiento y lograr cambios constructivos en sus vidas. En algunos casos, después de la oración y una vez fuera de la garra de temibles enfermedades, se encuentra nuevo significado en la vida y a menudo surge un deseo de crecer espiritualmente y servir a otros.

Para lograr los beneficios de salud de la oración meditativa, hay que practicar regularmente. En vez de orar sólo una vez al día a una hora especial, muchos encuentran útil orar a lo largo del día cuando nos encontramos, por ejemplo, en una congestión vehicular, jugando con los hijos o trabajando en la oficina, como si Dios estuviera siempre a nuestro lado.

Si hablamos de efectos psicológicos, si una persona conoce que alguien está orando por él/ella, ello puede ser algo que anima e incrementa la moral, ayudando así a la recuperación. La oración puede reducir el estrés físico, sin importar quién es el dios o los dioses a los que se recurre. La oración puede promover una visión más positiva y fortalecer la voluntad para vivir. La ansiedad y la depresión disminuyen. Tal vez no se eliminan los problemas de salud mental; pero la oración puede ayudar a enfrentar las enfermedades y fortalecer el proceso de curación.

Si hablamos de efectos físicos, hay una conexión entre la oración y la meditación y la salud. La investigación demuestra que al cerebro cambia durante la oración y la meditación. Por ejemplo, la actividad del cerebro mediante la meditación indica que las personas que practican la oración o la meditación con frecuencia experimentan cambios, pues la pronunciación repetida de una oración reduce el uso del oxígeno, incrementa el flujo sanguíneo, decrece la presión sanguínea, relaja los músculos, disminuye la secreción de las hormonas del stress, mejora el funcionamiento del cerebro y disminuye el insomnio. Se ha observado que los adultos mayores saludables que participan regularmente en oraciones, meditaciones o estudios de la biblia tienen mayor tiempo de vida que otros.

Observaciones
  • Un aspecto importante de la religión cristiana (y también la musulmana y el judaísmo moderno), es la integración dentro de la oración, del concepto de la bondad Divina. No se adora a Dios solo porque es todopoderoso. Se le adora porque también, es bueno. 
  • Los que oran buscando la comunicación con Dios se muestran más firmes ante la adversidad, soportan con estoicismo los reveses, se sienten más seguros de sí mismos, y viven la vida apaciblemente. Dejan a los demás vivir en paz su propia existencia,  se ven más felices. No tienen dudas en el derrotero de su vida, tienen sensación de protección y armonía, y tienen un esquema moral más sano.
  • La oración aparece como el acto fundamental de todas las religiones propiamente dichas. Abrahán llegó a experimentar el encuentro interpersonal con un Dios cercano y entrañable. Pero es Jesús quien descubre y revela de manera definitiva la naturaleza de la oración como encuentro inefable con un Dios que es Padre. De ahí que el cristianismo sea por excelencia la religión de la oración. La oración cristiana no se opone a la de otras muchas religiones, y mucho menos a la del Antiguo Testamento, pero es enteramente nueva.
Conclusiones
  • A partir de empezar a ver  las necesidades y a partir de pura  impotencia, las personas empezaron a orar y clamar a Dios.
  • El hecho de que el hombre haya orado desde la época de las cavernas y esa práctica persista aún en los días de hoy, ya significa que en la oración existe algo de profundo, trascendente e inamovible. Si la humanidad continúa rezando y cada vez más, es porque cada día se comprueba la utilidad y la necesidad de la oración.
  • En el interior de la criatura humana están el Poder Infinito y la Sabiduría Infinita o, en otras palabras, está Dios, el Padre, el Yo Mayor, la Fuente de la Vida, la Presencia Divina, la Energía Superior, la Luz Infinita, el Espíritu Santo. No importa el nombre que usted le demos a esa Presencia; lo que importa es el reconocimiento de esta verdad.
  • La verdadera oración es hablar con Dios con frecuencia. Una persona que madura en la fe siempre ora consistente y en línea con el propósito de Dios. Si caminamos con Dios diariamente, Él nos proveerá de paciencia y comprensión durante nuestras pruebas.
  • La oración es como conversar con un buen amigo. La única diferencia es que su mejor amigo es Dios.
  • Es la oración constante lo que mantiene la fe viva y asegura la recepción de todas las cualidades que nos hacen la imagen de Dios.
  • Podemos hablar con la divinidad acerca de cualquier cosa que nos concierne, decirle nuestros deseos y pasiones, compartirle nuestras preocupaciones por nuestros seres amados, hablarle de nuestros miedos.
  • Con la ayuda de la oración, podemos alterar las fuerzas psicológicas y espirituales que hay dentro de nosotros. Los hechos parecen indicar que existe una relación directa entre la oración y la transformación, aunque sea parcial, de muchos acontecimientos naturales. Esa es la causa de los sucesos inexplicables o milagrosos.
 

 

 

 

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