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Videncia

De repente sueñas algo que más tarde se hace realidad; pierdes tu billetera, pero luego tienes imágenes repentinas del lugar en que se encuentra. Estás manejando y en tu imaginación ves voltear a la izquierda al  carro que está delante de ti, justo unos segundos antes de que realmente suceda. De pronto ves a una persona con el ojo de la mente y más tarde la misma persona te llama o te escribe un correo. Alguien de repente dice la palabra “inundación” sin aparente razón; pero más tarde la tubería de su casa explota y todo se inunda…

Estos ejemplos, así como los sueños y visiones, ya son signos de videncia, una forma de habilidad psíquica que consiste en ver cosas ocultas sin importar el tiempo y el espacio. Ocasionalmente, se pueden oír sonidos que nadie más puede oír. Algunos nacen videntes; otros son videntes como resultado de una larga práctica, basada en la intuición y en la aceptación de que se posee una habilidad que puede ser aplicaba en beneficio de todos.

La videncia es posible porque todo en el universo es cuestión de vibraciones lentas o rápidas que penetran todas las cosas. Todos sabemos que tenemos el poder natural de recibir e interpretar ondas luminosas o audibles dentro del rango normal de frecuencias posibles. Por eso podemos ver y oír. Pero en ocasiones también recibimos e interpretamos otras  frecuencias que nos hacen percibir cosas extraordinarias. Este fenómeno no es más que una extensión de los  numerosos poderes que nosotros los humanos poseemos. Por lo tanto, es de esperar que exista una enorme cantidad de vibraciones adicionales “de otros mundos” que están esperando ser reconocidas.

Con entrenamiento, el vidente puede perfeccionar su poder para entender mejor lo que realmente sucede, “ver” cosas distantes, “ver” cosas que sucedieron o que sucederán. Ello se consigue con el aprendizaje y la práctica, lo cual incluye aprender las técnicas básicas; dejar de tenerle miedo al futuro; haciendo preguntas muy precisas y con toda sinceridad; respirando y concentrándose  en el área entre los ojos, centro de energía que activa la capacidad de videncia; relajándose y recibiendo con confianza las imágenes que llegan a la mente; pidiendo con todo el corazón la capacidad para interpretar; pidiendo ayuda al mundo de los espíritus para recibir información psíquica hasta lograr tener respuestas claras; finalmente, teniendo fe en lo que se ve y formando poco a poco  una colección de símbolos personales que sólo el vidente puede interpretar.